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miércoles, 27 de junio de 2012

ALEJANDRO VI - RODRIGO BORJA

(Játiva, España, 1413-Roma, 1503) Papa (1492-1503). Sobrino del también papa Calixto III, viajó a Italia, donde cursó estudios religiosos, y en 1456 fue nombrado cardenal. Tras la muerte de Calixto III volvió a la península Ibérica y ostentó el cargo de obispo de Barcelona y, más tarde, el de arzobispo de Valencia. Su nombramiento como Papa en 1492 desencadenó una fuerte oposición en Roma, por considerar que su vida era licenciosa e inmoral (había tenido cinco hijos), y, además, por el hecho de ser extranjero. 

Esta hostilidad explicaría la leyenda negra que se creó alrededor de su figura, y que llegó a deformarla hasta hacer parecer a Alejandro VI y a su familia como unos seres monstruosos y abyectos. En el terreno político, consiguió mantener la independencia del Papado frente a Francia y España, en lucha por el control de Italia. Al mismo tiempo, se encargó de arbitrar el reparto de América entre Castilla y Portugal, y fue un mecenas de las ciencias y las artes.
La Leyenda Negra En lo que concierne a la imagen que se ha proyectado de Alejandro VI, es bien conocida la denominada «Leyenda Negra de los Borgia», la cual es producto de las continuas críticas dirigidas hacia, no sólo Alejandro VI, sino toda la Casa de Borgia por parte de sus detractores. Tales acusaciones van desde catalogar a Juan Borgia como un seductor y adúltero empedernido, a César Borgia de no respetar sus votos de castidad durante el período en que fue clérigo. Igualmente, es esta misma serie de acusaciones y detracciones continuas las que han presentado a Lucrezia Borgia, como una mujer despiadada, que se casaba por conveniencia y era responsable de humillar o asesinar a sus esposos. 

 No obstante, ningún miembro de la Casa de Borgia ha sido tan denigrado como Alejandro VI, acusado de simonía y de sostener numerosas relaciones con variedad de amantes, entre las cuales se encontraba Vannozza Cattanei, madre de César, Juan, Lucrezia y Jofre. Igualmente ha sido acusado de disponer de los recursos y riquezas de las iglesias y diaconías que él y su hijo ocuparon para alcanzar el Papado usando la práctica de la simonía, y por supuesto también fue acusado de hostigamiento, al convertir en cardenales a muchos de sus aliados para asegurar su poderío, así como de nepotismo, al ser su deslumbrante carrera eclesiástica impulsada por su tío Calixto III, además de hacer él lo mismo, pero con sus hijos César y Juan Borgia, ascendiendo rápidamente al primero a numerosos cargos y posiciones, mientras que designó al segundo como Comandante en Jefe de los Ejércitos Papales. 

 Sin embargo, lo que se debe aplicar, para asegurar la neutralidad e imparcialidad sobre esta serie de acusaciones y denigrantes afirmaciones, es situar al personaje en su época y entorno. Si bien Borgia practicó el nepotismo, tanto para ascender en la jerarquía eclesiástica, como para ya en el «Solio Papal» asegurar el poder de su familia sobre Roma e Italia, es necesario entender que aquello era usual en la «Italia Renacentista». Tómense por ejemplo Las familias Orsini y Colonna, ambas tuvieron miembros a los cuales impulsaron a sus familiares en carreras eclesiásticas, y al igual que los Borgia buscaron beneficiarse de las acciones y poderes del Vaticano. Otro ejemplo claro de nepotismo, es de hecho, el más acérrimo rival de los Borgia, Giulliano de la Rovere, futuro Papa Julio II, quien también se vio impulsado en su carrera por su tío Sixto IV. En cuanto a los actos de lujuria y relaciones que violaban con claridad los votos de castidad contraídos por Alejandro VI, se debe afirmar que dicha práctica era más que usual. En lo que concernía al entorno eclesiástico, el problema no estaba en sostener relaciones y romper el celibato, sino en reconocerlo, en consecuencia, entre tanto no se hiciese de dominio público, no había problema alguno. Basta mencionar ejemplos como el mismo Giulliano de la Rovere, quien tuvo varios hijos, o el caso de otros como el Cardenal Mendoza, quien incluso consiguió que la Corte de España reconociese a sus vástagos como legítimos. 

 Finalmente las acusaciones de Simonía, es decir, la compra de su ascenso al papado, aunque bien pudieron ser posibles carecen de pruebas dado que nunca, ni siquiera sus más firmes enemigos y adversarios, lograron demostrar que Alejandro VI hubiese accedido al papado a causa de la compra de los votos cardenalicios. De hecho, numerosos historiadores han sostenido que más peso tuvo la posición y prestigiosa carrera de Rodrigo Borgia, junto con el apoyo clave del Cardenal Ascanio Sforza, que cualquier posible acto de simonía en la elección papal, aunque no por ello descartan la posibilidad de que sobornos y favores prometidos pudiesen haber tenido influjo en el asunto. En todo caso, es necesario recordar que por aquella época el acceder a los cargos eclesiásticos por medio de promesas económicas y alianzas por conveniencia era práctica usual, y sería necesario esperar hasta el Papado de Gregorio VII para que se erradicaran tales acciones de la institución eclesiástica. Es necesario en consecuencia hacer distinción entre la «Leyenda Negra de los Borgia», que los muestra como seres despiadados que incurrían en prácticas maquiavélicas, de la realidad en la cual todas esas eran acciones que virtualmente todos los poderosos de la península itálica practicaban en esos tiempos. La razón por la cual los Borgia son la alusión inmediata de dichas prácticas, no es otra que el deseo de empañar y dañar su imagen por parte de sus enemigos, que eran los mismo nobles poderosos de Italia, los Médici, los Sforza, los Orsini, los Colonna; todas familias que no toleraban que un extranjero hubiese accedido al papado y que no estaban dispuestos a permitir que consolidase lo que ellos tenían ya, poder territorial y político en Italia.