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viernes, 24 de agosto de 2012

ANTONIO CÁNOVAS DEL CASTILLO

(Málaga, 1828-Santa Águeda, España, 1897) Político e historiador español. Hijo de un modesto maestro de escuela, su padre murió cuando él tenía trece años, dejando a la familia en una precaria situación. Cursó el bachillerato en Málaga, y en 1845 marchó a Madrid, ayudado por el escritor y primo de su madre Serafín Estebánez Calderón. En la capital inició la carrera de derecho, a la vez que se abría paso en el mundo del periodismo y publicaba su primera novela histórica, La campana de Huesca, y una Historia de la decadencia de España. De esta época son también sus primeros contactos con los círculos intelectuales y políticos del momento. Pronto se ganó la confianza del general Leopoldo O'Donnell, para quien redactó el Manifiesto de Manzanares (1854), en el cual éste legitimaría su golpe de Estado. Ésta fue la única experiencia revolucionaria de Cánovas, que en lo sucesivo se mostró partidario de un legalismo a ultranza, y repudió los levantamientos y las revoluciones. 

Militante de Unión Liberal, fue responsable del Ministerio de Gobernación y de Ultramar a las órdenes de O'Donnell. Cuando los gobiernos de Isabel II se fueron decantando hacia la derecha y los miembros de su partido comenzaron a conspirar, abandonó la vida pública y se entregó a su trabajo como intelectual. Elegido académico de la historia en 1860, ingresó en la Academia Española en 1867. 

Dos años más tarde publicó Bosquejo histórico de la casa de Austria en España, reflejo de su capacidad como historiador. Durante la revolución de 1868 permaneció neutral, y la evidencia de las deficiencias del sistema político español durante el Sexenio Democrático (1868-1874) le llevaron a diseñar un sistema político pragmático y de orden, amparado en la institución monárquica. Según su ideario político, había una constitución interna a la patria que no era resultado de la voluntad popular, y cuyos principios permanentes, como la monarquía hereditaria o el derecho a la propiedad, debía interpretar y desarrollar la Constitución concreta de cada momento histórico. La estabilidad, principal preocupación del régimen que diseñó, se articulaba en la figura del rey Alfonso XII, y en la alternancia en el poder de dos grandes partidos, el Conservador, dirigido por el propio Cánovas, y el Liberal, que agrupaba todas las fuerzas monárquicas de izquierdas bajo el liderazgo de Sagasta. Fuera del sistema quedaban todos los partidos no monárquicos, como carlistas, republicanos, socialistas y anarquistas. La indiferencia popular y el caciquismo permitieron el funcionamiento del sistema de alternancia de forma estable a partir de 1881, y hasta el fin del siglo. 

El interés de Cánovas por la historia no decreció, y durante las etapas en que hubo de estar en la oposición escribió su libro Estudios del reinado de Felipe IV (1888-1889) y dirigió la Historia general de España bajo patrocinio de la Academia de la Historia (1892-1895). Durante su última etapa al frente de la presidencia del Consejo de Ministros debió hacer frente a los graves problemas derivados del independentismo de las colonias ultramarinas: en Filipinas reemplazó a Blanco por Polavieja –quien ordenó el fusilamiento de numerosos los independentistas– y en Cuba, tras el fracaso de la experiencia pacificadora de Martínez Campos, recurrió a Valeriano Weyler para que llevara la lucha con toda dureza, lo que desembocó en la guerra con Estados Unidos. Murió asesinado por el anarquista italiano Angiolillo, cuando descansaba en el balneario de Santa Águeda. «Política es el arte de aplicar en cada época de la Historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible.» Discurso, 19-V-1884