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domingo, 26 de agosto de 2012

CARLOS I

(Dunfermline, Gran Bretaña, 1600-Whitehall, id., 1649) Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Segundo hijo de Jacobo I, accedió al trono en 1625. Casó con la princesa francesa y católica Enriqueta María. Como los gastos de la guerra contra España incrementaran la oposición de sucesivos parlamentos a las demandas reales, se insistió en fijar los límites de las prerrogativas reales, pero el monarca se negó a escuchar las reclamaciones de sus súbditos. En 1628, el Parlamento remitió al rey la petición de derechos, que limitaba las atribuciones reales. Carlos, que creía firmemente en los derechos monárquicos y estaba muy comprometido con la Iglesia de Inglaterra, fingió aceptar la petición, pero dejó de respetarla al cabo de poco tiempo, y disolvió el Parlamento en 1629. 

Empezaron entonces los once años de gobierno absolutista, durante los que el monarca impuso el culto anglicano, persiguió a los puritanos ingleses y extendió la liturgia inglesa a Escocia en 1636, lo cual provocó la revuelta de la Escocia presbiteriana. Apremiado por la necesidad de dinero, no tuvo otra salida que convocar, en mayo de 1640, un Parlamento («Parlamento corto»), que rechazó las peticiones reales y fue disuelto. En noviembre de 1640 el rey convocó, nuevamente por urgencias económicas, un nuevo Parlamento («Parlamento largo»), que, presidido por John Pym, encarceló primero y ejecutó después a los dos consejeros del rey, el arzobispo de Canterbury, William Laud, y el conde de Strafford. 

Estalló entonces en Irlanda una sublevación, detrás de la cual se sospechó que estaba el propio Carlos, y se desencadenó luego la guerra civil, en la que los ejércitos reales fueron derrotados en Naseby (1645). Entregado por los escoceses al Parlamento inglés, la evasión de Carlos en 1647 dio origen a una nueva guerra civil, pronto ganada por los ironsides (caballería) de Cromwell. El nuevo Parlamento juzgó y condenó al monarca, que murió ejecutado en el cadalso.