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viernes, 31 de agosto de 2012

PABLO CASALS

(El Vendrell, España, 1876-San Juan, Puerto Rico, 1973) Violoncelista, director de orquesta y compositor español. El nombre de Pau Casals está indisolublemente unido a un instrumento músico, el violoncelo. No obstante, fue algo más que un prodigioso violoncelista: buen pianista, además de director de orquesta y apreciable compositor, fue uno de los primeros que supo conciliar la tradición virtuosa del Romanticismo con un creciente respeto a la partitura. 

Más aún, en su caso quizá sea más importante el hecho de que su gran talla como intérprete se viera correspondida con su calidad humana, representada por su incansable labor en pro de la democracia, las libertades y los derechos de los pueblos. Hijo de un modesto organista y profesor de música de la parroquia de El Vendrell, Casals se inició pronto en el arte musical, aunque no fue sino hasta una edad relativamente tardía, los once años, cuando oyó por vez primera el sonido de un violoncelo. 

A partir de ese momento, no tuvo ninguna duda sobre su vocación. Tras estudiar en Barcelona y Madrid, se consagró rápidamente como violoncelista en el ámbito internacional. Su exquisita concepción del fraseo, su perfecta afinación y su prodigiosa técnica, le hicieron triunfar ante los auditorios más exigentes, como los de Londres, París o Viena, al lado de las más grandes orquestas, batutas e intérpretes. Con dos de éstos, el violinista Jacques Thibaud y el pianista Alfred Cortot, constituyó a partir de 1905 un trío mítico. Paralelamente a su actividad como solista, el músico empezó a prodigarse como director de orquesta, fundando en Barcelona, en 1920, la Orquesta Pau Casals. 

La derrota de la causa republicana en la guerra civil española, a la que se había adherido, le obligó a exiliarse. De su producción como compositor cabe destacar el oratorio El pessebre (1960), el Himno a las Naciones Unidas (1971) y, por encima de todo, El cant dels ocells, una emotiva pieza que toma su melodía de un tema popular catalán. «La música, ese maravilloso lenguaje universal, debería ser un motivo de comunicación entre todos los hombres (...) Que cada uno de nosotros contribuya en la medida de sus posibilidades hasta el día en que este ideal se cumpla en toda su gloria.»