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lunes, 15 de octubre de 2012

NEVILLE CHAMBERLAIN

(Birmingham, Reino Unido, 1869-Heckfield, id., 1940) Político británico. Hijo del estadista británico Joseph Chamberlain, en su juventud se hizo cargo de las plantaciones de éste en las Bahamas. De regreso en Birmingham, se enriqueció con sus negocios en el sector del metal, y en 1915 fue elegido alcalde de la ciudad. En 1916 ingresó en el gabinete de Lloyd George, pero dimitió al año siguiente. En 1918 fue elegido diputado por el Partido Conservador, y en 1923 fue nombrado ministro de Sanidad, cartera que volvió a ocupar entre 1924 y 1929 y, brevemente, en 1931. 

En 1937 fue elegido primer ministro, cargo desde el que intentó una política de pacificación (appeasement), cuyo primer objetivo era que Italia permaneciera alejada de la influencia alemana. 

A tal fin reconoció la supremacía italiana en Etiopía y se comprometió a no intervenir en la guerra civil española. Así mismo, para evitar el estallido de una confrontación militar a escala europea, firmó el acuerdo de Munich de 1938, aceptando las reclamaciones territoriales alemanas en Checoslovaquia. 

A pesar de afirmar, a su regreso, que había logrado la paz, ordenó incrementar la producción de armamento y, tras la invasión de Checoslovaquia por Alemania, en 1939, puso fin a su política de contención. En septiembre de 1939 respondió al ataque germano a Polonia declarando la guerra a Alemania. Incluyó entonces a su principal adversario político,Winston Churchill, en su gabinete de guerra, aunque no logró evitar las críticas. Así mismo, los iniciales fracasos militares del ejército británico provocaron la pérdida de confianza entre los militantes de su propio partido, ante lo cual, en mayo de 1940, presentó la dimisión. Se mantuvo al frente del Partido Conservador hasta septiembre del mismo año, fecha en que se vio obligado abandonar el cargo debido a problemas de salud que, pocas semanas más tarde, motivaron su fallecimiento. «En la guerra, sea quien sea el que se pueda llamar vencedor, no hay ganadores, sólo perdedores.» Discurso, 4-IV-1938