viernes, 22 de febrero de 2013

JOSÉ GONZALO RODRIGUEZ GACHA

José Gonzalo Rodríguez Gacha (Pacho, 14 de mayo de 1947- † Tolú, 15 de diciembre de 1989), alias El Mexicano, fue un narcotraficante colombiano perteneciente al Cartel de Medellín, el más poderoso y temido de la historia después de Pablo Escobar. Considerado el líder del ala militar de dicha organización y su «Ministro de guerra», Rodríguez Gacha era conocido con el alias de El Mexicano por su fascinación por la nación azteca y su cultura.


Primeros años
Oriundo de la región de Pacho, en Cundinamarca, Rodríguez Gacha nació en una familia campesina. En tercero de bachillerato decidió abandonar sus estudios para empezar a trabajar en Bogotá, donde fue mesero de un restaurante, ayudante de buses y hasta comerciante en el sector de San Victorino. Sin embargo, su carrera criminal sólo despegaría a principios de los años 70 cuando se trasladó a Muzo (Boyacá) y entró al servicio de Gilberto Molina Moreno, «el zar» de las esmeraldas en Boyacá, legendario personaje que durante muchos años impuso su ley a sangre y fuego en el infierno verde del negocio minero, ejerciendo su influencia con puño de hierro en una vasta región que cubre los municipios de Quípama, Otanche y Borbur. Molina era el jefe indiscutido y sus socios - que le reconocían su condición de padrino - eran personas como Víctor Carranza, Benito Méndez, Julio Silva y Juan Vitar.

Todos explotaban legalmente concesiones otorgadas por el gobierno colombiano a sociedades de las que ellos y otros esmeralderos eran miembros. Sin embargo, no dominaban todo el negocio. Tenían rivales. El principal de estos era el grupo controlado por la familia Vargas, que imponía su ley en la región de Coscuez. La guerra entre Molina y los Vargas se hizo cada vez más sangrienta y, mientras eso sucedía, Rodríguez Gacha que había ascendido rápidamente en las estructuras del "zar verde" escalando posiciones en medio de la violencia que azotó las zonas esmeraldíferas de Colombia en los años 70 y años 80, se independizó para dedicarse a una actividad considerablemente más rentable: el narcotráfico. Su primer contacto con este negocio vino a través de Verónica Rivera de Vargas, amiga de Pablo Escobar hacia mediados de los setenta. En su nuevo negocio, El Mexicano resultó un verdadero campeón, lo que en pocos años lo llevó a constituirse, al lado de El Patrón y de la familia Ochoa, en uno de los tres pilares de cartel de Medellín en los comienzos de los ochenta. Amasó en corto tiempo una de las más grandes fortunas de Colombia. Asociado a las mafias afincadas en Antioquia, controló un ala autónoma de la organización narcotraficante en el centro del país, manejando hombres y recursos propios. En 1981 financiaría en conjunto con sus socios la creación del primer grupo de Autodefensas, el MAS. Pronto se abririan nuevas rutas de tráfico de drogas a través de México, Haití, Los Angeles, California, Houston, Texas y Nicaragua, donde jugó un papel fundamental el piloto norteamericano Barry Seal, asesinado más tarde cuando accedió a testificar contra el cartel.

Riqueza y bienes
Rodríguez Gacha fue catalogado como uno de los hombres más ricos del mundo por la revista Forbes el 20 de junio de 1988. Dueño de más de 116 propiedades, fincas, casas, apartamentos, lotes y vehículos, valoradas en 40 mil millones de pesos (845 mil millones en pesos del 2012), el capo se convirtió, como otros narcotraficantes, en el generoso ídolo de su pueblo natal. Su inmensa fortuna se convirtió en leyenda a raíz de las historias de caletas o guacas enterradas en sus propiedades: carros llenos de lingotes de oro, bolsas de dólares y esmeraldas son parte de los tesoros escondidos en las haciendas donde se encontraban más de 200 finísimos caballos de paso, entre estos, Túpac Amaru, el famoso caballo del millón de dólares. Siendo aficionado al fútbol, su imperio se extendió hasta el deporte al invertir en el club de fútbol Los Millonarios, financiando contrataciones y salarios de los jugadores.

Guerra contra las FARC y narco-paramilitarismo...
Pronto el poder de Rodríguez Gacha desbordó el núcleo original de Cundinamarca y Boyacá e incursionó en los llanos orientales y el Magdalena Medio contactando con las FARC, que en un principio le prestaron su servicio de vigilancia a los cultivos y laboratorios del «capo» a cambio de ciertos «impuestos». Pero la destrucción de varios de sus laboratorios de procesamiento de drogas en 1983, más el robo de pasta base de coca y dinero en efectivo a algunos de sus emisarios, lo llevaron a una guerra personal con dicha organización. Bajo la filosofía de «quien no está conmigo, está contra mí» y apoyado en sus nuevos socios paramilitares del Magdalena Medio, las autodefensas de Pablo Guarín, Henry Pérez y Ramón Isaza, emprendió una brutal campaña de exterminio contra la Unión Patriotica, partido al que consideraba el brazo político de la guerrilla comunista. Para 1989 Rodríguez Gacha tenía sobre las armas un millar largo de hombres en un ejército personal adiestrado por mercenarios extranjeros. Así es como entre diciembre de 1987 y mayo de 1988 había contratado mercenarios israelíes y británicos para que entrenaran equipos de asesinos y sicarios. Entre estos destacó Yair Klein, un teniente coronel retirado del ejército israelí, liderando un equipo de instructores en Puerto Boyacá durante 1988. Rodríguez Gacha se convirtió así en el principal comandante del «Narcoparamilitarismo» en Colombia. Además sus contactos con elementos corruptos dentro de las fuerzas gubernamentales le brindaba la suficiente impunidad para actuar contra sus enemigos con total libertad. Al menos ochocientos miembros de la UP cayeron víctimas de su venganza contra las FARC, incluyendo al presidente del partido Jaime Pardo Leal asesinado el 11 de octubre de 1987, al secretario del Partido comunista Teófilo Forero y al joven líder de izquierda José Antequera. Hasta en Putumayo con la «Banda de los Macetos» llegaban los tentáculos del narco al momento de su muerte.  El segundo hombre dentro de la jerarquía de la organización narcoterrorista controlada por el, era Gilberto Rendón Hurtado y sus principales sicarios y gatilleros los hermanos Rojas. Luego adquirirían importancia los Rueda, Jaime Eduardo y Ever en 1989.

Asesinato de Lara Bonilla
Pero cada vez más sus ataques se fueron dirigiendo contra el estado colombiano, apoyando a su socio y amigo Pablo Escobar en su lucha contra el establecimiento. El 30 de abril de 1984 el ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla quien había emprendido una cruzada contra el cartel de Medellín fue asesinado por sicarios en una motocicleta. En respuesta, el presidente Belisario Betancur declaró fuera de ley a los narcotraficantes y se pronunció a favor de la implementación del tratado de extradición. Los Ochoa, Pablo Escobar, Lehder y Rodríguez Gacha debieron huir a Panamá. En un último intento por controlar la situación y negociar con el gobierno, los capos se reúnen con el expresidente Alfonso López Michelsen en el Hotel Marriott de Panamá. Pero las negociaciones se filtran a la prensa y el plan se desmorona. Meses más tarde regresarían clandestinamente al país, pero el punto de quiebre ya había llegado.

La guerra contra el Estado
A causa de la reactivación del tratado de extradición en mayo de 1984 y de las primeras detenciones con este fin en enero de 1985, los miembros del Cartel de Medellín quedaron fuera de ley y se autodenominaron Los Extraditables. El inicio de una guerra frontal contra los gobiernos de Colombia y Estados Unidos fue inevitable. Este periodo negro pasaría a denominarse en la historia de Colombia como la Guerra del Narcoterrorismo. La campaña de terror reactivada a partir de la segunda mitad de 1986 se cobraría las vidas del magistrado de la Corte Suprema de Justicia Hernando Baquero Borda, del juez Gustavo Zuluaga Serna, del coronel Jaime Ramírez Gómez y del director de El Espectador Guillermo Cano Isaza. Tras una tregua de un año, las decisiones tomadas por el gobierno Barco el 8 de enero de 1988, al dictar autos de detención con fines de extradición contra Escobar, José Gonzalo Rodríguez Gacha y los hermanos Juan David, Jorge Luis y Fabio Ochoa Vásquez, generarían una nueva escalada terrorista. El 16 de enero de 1988 es secuestrado el candidato a la alcaldía de Bogotá, Andrés Pastrana Arango y el 25 del mismo mes, durante un nuevo intento de secuestro es asesinado el procurador general de la Nación, Carlos Mauro Hoyos. La guerra contra el Estado está prácticamente declarada.

La violencia ya no se detendria. Rodríguez Gacha profundizo su campaña de exterminio contra la izquierda, multiplicando las ejecuciones y masacres, y a la vez entró en un conflicto más intenso y violento por el control de las minas de esmeraldas y el occidente de Boyacá. El 27 de febrero de 1989, envió un grupo de 15 a 25 sicarios uniformados para matar al magnate de las esmeraldas Gilberto Molina que se hallaba en Sasaima celebrando su cumpleaños, asesinándolo junto a otras diesiete personas. Pronto pasó a atentar contra Víctor Carranza, otro exsocio suyo, convertido en el nuevo «zar» de las esmeraldas. La guerra con este escaló tras la masacre en el edificio «Altos del Portal» en el norte de Bogotá el 5 de julio de 1989. Allí un grupo de militares al servicio de El Mexicano, realizando un supuesto operativo interrumpieron una reunión de gente de la DEA y del F2 con Ángel Gaitán Mahecha, un informante, y masacraron a cuatro personas. A partir de ahí se multiplicaron los ataques: el 7 de julio una bomba semidestruyó las instalaciones de Tecminas en Bogotá, empresa propiedad de Carranza; fue asesinada la llamada «reina de la coca», Verónica Rivera; el 10 cayo baleado Julio Carranza, sobrino del «Zar»; el 15, sesenta hombres fusilaron en la quebrada de Itoco, en predios a cargo de Tecminas, a seis guaqueros y más tarde arrojaron vivo desde una avioneta a Pedro Julio Yaya, un vigilante de la veta; el 26 de julio otro ataque dinamitero con carro-bomba arrasó las oficinas de «Ganadería Nare», de propiedad de Carranza, matando a una persona y dejando dos heridas; y finalmente el 15 de agosto siguiente salió ilesa de un atentado Blanca Lilia de Molina, viuda de Gilberto Molina.

Asimismo a partir del fracaso en las negociaciones con el Gobierno Nacional emprendió junto con Pablo Escobar una brutal oleada de asesinatos a partir de mayo de 1989. Un primer atentado dinamitero sacudió Bogotá el 30 del mismo mes, teniendo por objetivo al Comandante del DAS Miguel Maza Márquez. Salió ileso pero siete personas murieron y treinta quedaron heridas. Le seguirían otros ataques contra el gobernador de Antioquia Antonio Roldán Betancur muerto el 4 de julio, la jueza tercera de Orden Público María Helena Díaz asesinada el 28 de julio, el magistrado Carlos Ernesto Valencia ultimado el 16 de agosto y finalmente el Comandante de la policía en Antioquia Valdemar Franklin Quintero y el candidato a la presidencia Luis Carlos Galán acribillados el mismo día, 18 de agosto de 1989. En el último hecho tomaron parte activa setenta hombres de Gacha con Jaime Eduardo Rueda Rocha a la cabeza, el mismo que descargaría sobre el líder liberal la subametralladora miniatlanta que le segó la vida. El presidente Barco declaró la guerra entonces al Cartel de Medellín y procedió el 19 de agosto a dictar los decretos que permitían la extradición por vía administrativa, el secuestro de bienes del narcotráfico y la detencion preventiva sin cargos judiciales de sospechosos de pertenecer a la organización narcoterrorista. Además con el 80 por ciento de la cocaína consumida en Estados Unidos llegando de Colombia, el recién elegido presidente George H.W. Bush concentró la estrategia antidrogas de su gobierno en el país andino y el 21 de agosto de 1989 el Fiscal General Dick Thornburgh hizo pública una lista de doce capos de la droga requeridos por el gobierno norteamericano. La lista incluía a Pablo Escobar, El Mexicano, el Mono Abello y los Hermanos Ochoa (Jorge Luis, Fabio y Juan David).

La ofensiva terrorista de 1989
Pero como muchos esperaban, los narcos no se arredraron y asumieron el reto en una carta a la opinión pública el 23 de agosto de 1989, aceptando el inicio de la guerra total con el gobierno. La extradición no les dejaba más camino que morir matando, puesto que no se iban a rendir. A partir del 29 del mismo mes cuando estalló una bomba en la capital antioqueña cerca de las Bodegas de Pintuco, el terrorismo y el sicariato se apoderaron del país. Más de 289 ataques fueron lanzados por los Extraditables en el transcurso de los siguientes tres meses incluyendo el estallido de al menos cien bombas en Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y Cartagena. En este marco, los hombres de Gacha jugarian un papel protagónico, gracias a su influencia en Cundinamarca y a su cercanía a la capital de la república. Como resultado de esta primera ofensiva al menos perderían la vida 250 personas y un millar más quedarían heridas.

El 2 de septiembre terroristas hacen estallar un camión bomba cargado con cien kilos de dinamita en el periódico El Espectador; el 11 es asesinado el líder liberal Pablo Peláez González; el 21 de septiembre explotan simultáneamente varios petardos en nueve sedes políticas en el sector de Teusaquillo (Bogota); el 26 de septiembre atentan contra el Hotel Hilton de Cartagena con un saldo dos víctimas mortales; el 16 de octubre un carrobomba aparcado a las afueras de las instalaciones del diario Vanguardia Liberal de Bucaramanga deja cuatro muertos; el 18 de octubre una granada estalla antes de tiempo fuera del Congreso de la República; el 20 es bombardeado el Hotel Royal de Barranquilla; el 1 de noviembre caen María Elena Espinosa Arango, miembro de la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín y Luis Francisco Madero Forero representante a la Cámara por Cundinamarca; el 9 de noviembre, dos semanas después de un ataque de sicarios, muere el periodista Jorge Enrique Pulido.

El gobierno reacciono con todos los medios a su alcance multiplicando los operativos y arrestos en lo largo y ancho del país: el 11 de octubre fue detenido el Mono Abello y el 23 de noviembre las fuerzas gubernamentales cayeron sobre la Hacienda El Oro, propiedad de Pablo Escobar matando a dos miembros del cartel (entre ellos a su cuñado Mario Henao) y deteniendo a 55 más. Pero el capo logró escabullirse. La respuesta no demora en llegar: los bombazos se suceden sin que el estado pueda detenerlos y cada vez adquieren las dimensiones de verdaderas masacres terroristas.

Lo peor esta por venir: el 27 de noviembre intentando matar al reemplazo de Galán en las elecciones presidenciales, César Gaviria, Pablo Escobar hace estallar un avión de Avianca en pleno vuelo con sus 107 pasajeros a bordo; y el 6 de diciembre en lo que se sería su mayor ataque, Los Extraditables echaron a rodar calle abajo un bus del Acueducto de Bogotá cargado con quinientos kilos de explosivos y lo volaron frente a las instalaciones del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). El General Maza objetivo del atentado saldría ileso, sin embargo sesenta y tres personas murieron y quinientas quedaron heridas. Rodríguez Gacha responsable de la última hecatombe terrorista, se convertía así en el hombre más buscado de Colombia, ofreciéndose 250 000 dólares por su cabeza.

Muerte
El gobierno enfrentado a una guerra total y tras el cruento ataque al DAS, se enfocó en capturar a los cabecillas del cartel, ofreciendo 500 millones de pesos por la cabeza de Rodríguez Gacha (la misma cantidad ofrecida por Escobar). Pronto el gobierno del presidente Virgilio Barco tuvo un golpe de suerte cuando el hijo de El Mexicano, Freddy Rodríguez Celades fue detenido por posesión ilegal de armas al norte de Bogotá. Se le retuvo durante más tiempo del estipulado por la ley tratando de presionar a su padre, pero en vista de que la estrategia no dio resultado se le liberó. No obstante, un informante, Jorge Velásquez alias El Navegante lugarteniente y hombre de confianza del capo lo traicionó revelando su ubicación en Cartagena. Allí lo acompañaban su hijo Freddy, Gilberto Rendón Hurtado (el número 8 dentro del cartel) y cuatro guardaespaldas más. Al percatarse de la presencia de las autoridades, los fugitivos tomaron una lancha rápida y embarcaron rumbo a Tolú, permitiendo empero a Velásquez que viajara con ellos. Tras dejarlos en la noche del 14 de diciembre en la costa de Coveñas, este dio aviso a los uniformados que le seguían el rastro a Rodríguez Gacha revelándoles su nueva ubicación.

Luego de interceptar la lancha rápida, a media mañana del 15 de diciembre de 1989, treinta comandos élite de la policía a bordo de dos helicópteros artillados, cayeron sobre la finca «El Tesoro», entre Coveñas y Tolú, donde se hallaba el objetivo. Con altavoces y sirenas le pidieron a Rodríguez Gacha que se entregara, pero no se obtuvo ninguna respuesta positiva. La obtuvieron más bien cuando en medio de una fuerte balacera El Mexicano y sus hombres se abrieron paso hasta un camión Chevrolet carpado de color rojo que tenían aparcado fuera de la villa y emprendieron la huida.

Se inició entonces la persecución del vehículo, con El Navegante a bordo de uno de los aparatos de la policía. A menos de dos kilómetros de Tolú el camión fue interceptado cuando tratando de perder a sus perseguidores se desviaba por la ruta que conduce a Sincelejo. Al no poder esquivar a las autoridades un poco más adelante se lanzaron del carro Freddy Gonzalo, Gilberto Rendón y tres guardaespaldas más, abriendo fuego contra una de las aeronaves para distraer su atención. Esta contestó con sus ametralladoras, matando a dos de los pistoleros, para descender luego y dejar en tierra a varios comandos de la fuerza élite, quienes se enfrentaron con los dos guardaespaldas sobrevivientes y al hijo de El Mexicano, dándoles de baja.

En el intermedio, el camión que llevaba al capo y uno de sus hombres continuaba su carrera seguido por la otra aeronave. Pero accidentalmente en esa misma carretera se encontraba una patrulla de infantes de marina, custodiando una de las fincas del extraditado Eduardo Martínez Romero. Al verlos, el camión se detuvo y de él se bajaron Rodríguez Gacha y un guardaespaldas, internándose ambos en los platanales adyacentes a la carretera. Los artilleros abrieron fuego, tratando de detectar a los fugitivos, pero parecía que lograrían huir, solo que Gacha, armado con un fusil R15 y cinco granadas, perdió el impulso de su carrera cuando se desgarró el cuero cabelludo en una alambrada. Acorralado, contestó a los disparos, revelando su ubicación; la ametralladora le respondió y cayó al ser herido en una pierna. En ese momento otro impacto de una bala calibre 7.62 le alcanzó de lleno en la cara, matándolo. No obstante Jorge Velásquez, presente en los hechos, asegura por su parte que al verse herido en la cabeza y sin escapatoria, con su hijo muerto, Rodríguez Gacha transfigurado de rabia se colocó desafiante a la vista del helicóptero que lo seguía, insultó a los uniformados que lo observaban atónitos y les hizo pistola, para finalmente suicidarse con un artefacto explosivo que le estalló en la cara. En todo caso fueron necesarias las diligencias dactiloscópicas para establecer sin duda su identidad. Minutos después cayó el último de los hombres del capo. Era la 1:45 minutos de la tarde del viernes 15 de diciembre. La búsqueda de uno de los narcotraficantes más temidos y peligrosos de la historia de Colombia se había terminado, con la denominada Operación Apocalipsis. Junto a él murieron su hijo Freddy y sus cinco guardaespaldas.

Dos días después, el 17 de diciembre su cuerpo y el de su hijo fueron enterrados en su natal Pacho en medio de un multitudinario entierro al que asistieron entre 3000 y 15 000 personas. Muchos en su pueblo lo veían como un benefactor de los pobres. De ahí la masiva presencia en su funeral.

El maletín negro y las guacas
Cientos de caza fortunas invadieron los predios de Rodríguez Gacha en busca de las canecas repletas de dinero y del codiciado maletín negro que El Mexicano nunca abandonó, pero que el 15 de diciembre de 1989 desapareció misteriosamente.

En marzo de 2006 dicho maletín negro y las guacas volvieron a salir a la luz pública, cuando se reveló que Estados Unidos recibió 60 millones de dólares para "borrar" cualquier indicio que permita involucrar a los herederos de El Mexicano en los múltiples juicios que se le siguen al narcotraficante.

En efecto, los investigadores, según reveló la revista «Cambio», descubrieron un cerro de documentos incautados durante los allanamientos realizados a propiedades de El Mexicano. Uno de los documentos llamó la atención de los investigadores: era la copia de un acuerdo judicial realizado hace cerca de diez años en Estados Unidos por un abogado que representaba a los herederos del sanguinario capo.

Los agentes descubrieron una operación secreta a resultado de la cual la justicia de Estados Unidos obtuvo el dinero en mención, depositados en 24 cuentas manejadas por testaferros de El Mexicano en bancos de Hong Kong, Suiza, Luxemburgo y Austria. A cambio de lo anterior, los herederos de Rodríguez Gacha quedaron así liberados de cargos de conspiración para introducir cocaína a ese país y ocultamiento de los frutos de sus actividades ilegales.

El senador Javier Cáceres Leal anunció un debate en el Congreso, «pues si la inmunidad judicial se compra en Estados Unidos con dinero, ¿por qué debe Colombia seguir con lo más duro y sangriento del esfuerzo, y recibir apenas las migajas de los millonarios recursos incautados?»
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