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martes, 23 de julio de 2013

ENRIQUE II

(Le Mans, Francia, 1133-Chinon, id., 1189) Rey de Inglaterra (1154-1189). Hijo de Godofredo de Anjou y de Matilde, nieta de Guillermo el Conquistador. En 1152 casó con Leonor de Aquitania, convirtiéndose en señor de un extenso reino atlántico que se extendia desde los Pirineos hasta Escocia. 

En 1154 fue reconocido como rey de Inglaterra y cuatro años más tarde se apoderó de Bretaña. En Inglaterra, se caracterizó por su labor de reorganización del reino, consolidó la Cámara Real de Cuentas y organizó un cuerpo de jueces itinerantes, encargados de hacer valer la justicia real y controlar a los barones del reino y a los oficiales reales, a los que había otorgado amplios poderes para hacer frente a los señores feudales. 

Además, estableció entre los nobles el derecho de écutage, que les permitía quedar exentos del servicio de armas previo pago de una suma. Así pudo financiar un ejército de mercenarios para operar en el continente, sin depender de los barones ingleses, lo cual reducía la influencia de este grupo social, siempre problemático. 

La necesidad de financiación para llevar a cabo sus empresas lo enfrentó con la Iglesia, encabezada por su antiguo amigo Thomas Becket, al que había hecho nombrar arzobispo de Canterbury, con la esperanza de que se atenuase la oposición eclesiástica. Becket, en cambio, defendió los derechos de la Iglesia frente a la promulgación de la Constitución de Clarendon en 1164, que otorgaba a la justicia real el poder de juzgar los crímenes cometidos por eclesiásticos. El asesinato de Becket a manos de dos caballeros del rey atrajo sobre Enrique II la repulsa general y lo obligó a infeudar sus territorios al Papa. En los últimos años de su vida tuvo que enfrentarse en repetidas ocasiones a sus hijos, pero consiguió consolidar el poder real en Inglaterra de forma duradera.