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viernes, 9 de agosto de 2013

FELIPE III

(Madrid, 1578-id., 1621) Rey de España y Portugal (1598-1621). Hijo de Felipe II y su cuarta esposa Ana de Austria, su padre supuso que se dejaría gobernar por otros, como así fue, de tal modo que la política del reino fue dirigida por sus favoritos, conocidos como validos, que fueron don Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, y don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias. Ni uno ni otro estaban capacitados para afrontar los graves problemas ante los que se hallaba la monarquía hispánica en cuestiones tan cruciales como la economía, la demografía o la política exterior. 

Felipe III, que ciñó la corona en 1598, casó en 1599 con Margarita de Austria y pronto se desentendió de los asuntos de Estado. Durante su reinado, la política exterior española se caracterizó por el intento de mantener su posición como potencia hegemónica tanto en el plano europeo como en el colonial, todo ello con unos recursos cada vez más menguados. 

Prosiguió la guerra contra Holanda y pese a éxitos parciales como la toma de Ostende por parte de Spínola, pronto fue evidente que no existían muchas posibilidades de solventar favorablemente el conflicto, por lo que en el año 1609 se firmó la tregua de los Doce Años que daba la independencia de hecho a las Provincias Unidas de Holanda. También se produjo el conflicto derivado del control del «Camino Español», que unía las posesiones italianas de los Austria con Flandes, los cuales desembocaron en la ocupación de la Valtellina, a lo que se añadió la implicación española en favor del emperador austriaco en las primeras fases de la guerra de los Treinta Años, con la invasión del Palatinado por los tercios de Flandes. En la política interna hay que resaltar la expulsión de los moriscos, acusados de ser aliados de los piratas berberiscos y de no aceptar el catolicismo, lo cual provocó una grave crisis de la agricultura a causa de la pérdida de un gran contingente de mano de obra especializada.