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jueves, 5 de septiembre de 2013

FERNANDO VII

(El Escorial, España, 1784-Madrid, 1833) Rey de España (1808-1833). Hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma, fue el último monarca absolutista de España. Educado e influido por el canónigo Juan de Escoiquiz, fue inducido por éste a intrigar contra sus padres y, sobre todo, contra Manuel de Godoy, primer ministro y favorito de la reina. El fuerte ascendiente del preceptor sobre el príncipe quedó mitigado tras el matrimonio de Fernando, en 1802, con María Antonia de Nápoles, aunque a la muerte de ésta, cuatro años más tarde, Escoiquiz recuperó toda su influencia. El descubrimiento de las negociaciones secretas del clérigo con Napoleón para casar a Fernando con una princesa de la familia Bonaparte motivaron el proceso de El Escorial y la humillación pública del príncipe, quien fue obligado a pedir perdón a sus padres en 1808. El pueblo interpretó que Fernando era víctima del poder de Godoy y ello creó el clima que propició meses más tarde el motín de Aranjuez. A raíz de esta revuelta se produjeron la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV en favor del príncipe de Asturias, quien accedió al trono con el nombre de Fernando VII. Por esas mismas fechas, el ejército de Napoleón penetraba en España, y el rey marchó confiado al encuentro con el emperador en Bayona, acompañado de Escoiquiz, su hermano Carlos y su tío Antonio, entre otros. Sin embargo, una vez allí, Napoleón obligó a Fernando a restituir la Corona a Carlos IV, quien a su vez la cedió a José Bonaparte, mientras Fernando y sus allegados quedaban confinados en el palacio de Valençay.  

Todos estos hechos tuvieron una honda repercusión en España y en los dominios españoles de América. En la primera comenzó la guerra de Independencia y se proclamó la Constitución liberal de 1812, mientras que en los segundos se desencadenó el proceso que concluiría con la emancipación de las colonias en poco más de una década. En 1813, Napoleón firmó la paz con Fernando VII y lo dejó en libertad. De regreso en España, con el apoyo del general Elío y un grupo de diputados absolutistas, autores del «Manifiesto de los Persas», Fernando VII derogó la Constitución, restauró el absolutismo e inició una implacable represión de los liberales. Mientras la situación económica era cada día más crítica y los esfuerzos por mantener las posesiones ultramarinas se hacían cada vez más difíciles, los perseguidos liberales intentaron sin éxito varios pronunciamientos de signo constitucional, hasta que, en enero de 1820, Riego y otros oficiales se alzaron en Cabezas de San Juan al frente de las tropas destinadas a sofocar la rebelión americana y obligaron al rey a acatar la Constitución de 1812. Tras algunas intentonas fallidas, el monarca pidió ayuda a la Santa Alianza y ésta envió al duque de Angulema al frente de la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis, que penetró en España y restituyó el absolutismo en 1823. Comenzó entonces la «década ominosa», caracterizada por la sangrienta persecución de los liberales. Al tiempo que reprimía a éstos, el rey quiso distanciarse de los absolutistas más radicales, agrupados en torno a su hermano Carlos, quien aspiraba a sucederle.

 En este sentido, rechazó el restablecimiento de la Inquisición y el empleo de los voluntarios realistas como fuerza armada, ordenó la formación de un cuerpo de policía y reorganizó el ejército. En 1829 contrajo cuartas nupcias con María Cristina de Nápoles, y al año siguiente promulgó la Pragmática Sanción que derogaba la Ley Sálica y permitía el acceso de una mujer al trono español. De este modo, su hija Isabel se convirtió en heredera de la Corona en detrimento del aspirante, el príncipe Carlos, hermano del rey, circunstancia que años después daría lugar a las guerras carlistas, al comenzar las conspiraciones de Carlos y sus partidarios, apoyados por los sectores tradicionalistas y la Iglesia. Enfermo de gravedad el soberano en 1832, su esposa asumió la regencia e inició con su aprobación una apertura del régimen, con un acercamiento a los liberales.