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lunes, 16 de septiembre de 2013

FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE

(El Ferrol, España, 1892-Madrid, 1975) Militar y político español. Miembro de una familia gallega vinculada a las fuerzas armadas, estudió en la Academia de Infantería de Toledo y se graduó en 1910. Destinado a Marruecos, intervino en diversas acciones militares y protagonizó una fulgurante carrera de ascensos. En 1917, con el grado de comandante, regresó a España e intervino en la represión de los mineros asturianos, a las órdenes del general Burguete. Luego, regresó a África, en esta ocasión como oficial del Tercio de Extranjeros. En 1923, Alfonso XIII lo nombró gentilhombre de cámara y apadrinó su boda con Carmen Polo. Ascendido a teniente coronel, asumió el mando del Tercio de extranjeros, con el que se distinguió en la lucha contra el rifeño Abd el-Krim y ascendió hasta convertirse, en 1926, en el general más joven de Europa. 

Al año siguiente, Primo de Rivera lo nombró director de la Academia General Militar de Zaragoza. Clausurada ésta por el gobierno de la República en 1931, permaneció sin destino durante un año antes de ser enviado a La Coruña primero y a Baleares después. Allí se encontraba cuando, en 1934, el gobierno de Lerroux le encomendó la represión de la huelga revolucionaria de Asturias, que se distinguió por la brutalidad de las represalias y por las ejecuciones que tuvieron lugar una vez sofocado el levantamiento. Tras el triunfo electoral del Frente Popular (1936), el nuevo gobierno lo nombró gobernador militar de Canarias, ante los rumores de un posible levantamiento militar. En Canarias se hallaba el 18 de julio, cuando se produjo finalmente el alzamiento militar contra la República que desencadenaría la guerra civil española. Muerto el general Sanjurjo, la junta militar rebelde instalada en Burgos lo nombró generalísimo de los ejércitos y jefe de Estado de la España llamada nacional (29 de septiembre). 

Alemania e Italia prestaron ayuda militar y logística a Franco, cuyo gobierno reconocieron pronto, mientras que Francia, el Reino Unido y Estados Unidos no lo hicieron hasta el fin de la contienda civil. Franco condujo a la victoria al ejército sublevado, mejor estructurado y más profesional que el de la República, y concluido el enfrentamiento el 1 de abril de 1939, desencadenó una dura represión contra los «rojos», adoptó disposiciones para recuperar la castigada economía del país y comenzó el proceso de institucionalización de un régimen corporativo y dictatorial dirigido por él y que perduraría casi cuarenta años, basado en el modelo de la Italia fascista. Iniciada la Segunda Guerra Mundial, tras entrevistarse en octubre de 1940 con Hitler en Hendaya, logró mantener la neutralidad de España a pesar de las presiones de ambos bandos, aunque el envío de un contingente, la llamada División Azul, para combatir en el frente ruso al lado de la Werhmacht, provocó la posterior hostilidad de las potencias occidentales, que marginaron a España de la ONU y de los beneficios económicos del Plan Marshall. El aislamiento del régimen comenzó a romperse en los años cincuenta, cuando el gobierno franquista negoció con Estados Unidos el establecimiento de bases militares en territorio español y la ONU admitió el ingreso del país como Estado miembro. 

En 1966 las Cortes aprobaron una ley orgánica que establecía la separación de los cargos de jefe de Estado y de gobierno, aunque Franco retuvo ambos en su persona; tres años más tarde designó al príncipe Juan Carlos de Borbón como su sucesor, sentando las bases para la transición a la monarquía. Mientras tanto, el creciente malestar social se ponía de manifiesto en las protestas callejeras de los estudiantes, sobre todo a raíz del proceso de Burgos, hasta el punto de que conmutó las penas de muerte decretadas contra un grupo de miembros de la banda terrorista ETA. En 1973 cedió la jefatura del gobierno al almirante Carrero Blanco, lo cual podía interpretarse como una opción continuista, truncada al ser asesinado Carrero poco después por ETA. A partir de ese momento, la decadencia del régimen fue paralela al declive físico del dictador. Considerado a menudo más como militar y «hombre de orden» que como ideólogo, su dictadura evolucionó desde posturas cercanas al fascismo hacia una apertura lenta y marcada por el pragmatismo, y se apoyó siempre en la Iglesia Católica española, y de ahí que su régimen fuera llamado «nacionalcatolicismo».  «Haga como yo, no se meta en política.»